Hacer una radiografía o rayos X, permite ver imágenes como sombras de huesos y ciertos órganos y tejidos, sirve para detectar problemas óseos y hasta se pueden ver algunos órganos y tejidos blandos; y es precisamente haciendo un símil desde este concepto, que describiré lo que significa vivir una patología institucional, que hoy tratando de encontrar una respuesta, una radiografía podría ser un primer paso, para entender lo mencionado.
En el origen de este espacio laboral, uno de los más importantes en mi trayecto y en el de varios compañeros y colegas, nos forjó en la militancia por la protección y defensa de los derechos humanos, crecimos escuchando temas, doctrinas y conceptos tan nuevos y a la vez comunes, que era como despertar maravillados en un descubrimiento, por lo íntegro y sagrado que se mostraba trabajar desde la convicción y la ilusión por lograr “un país del tamaño de nuestros sueños”.
Con el tiempo y a través de 9 administraciones distintas en 11 años de gestión, las vivencias diversas, han dejado marcas y cicatrices, trajeron momentos únicos y sorprendentes, otros totalmente predecibles. Desde las trincheras políticas, hasta el desarrollo técnico-metodológico, que no termina de adquirir forma, ni claridad y que está llena de limitaciones, se crea el espectro laboral en el que hoy sobrevivimos.
Más allá de los estilos, los gobiernos de turno, las complicaciones, el desfile de trabajadores y el modelo decadente que tiene el sector público en el país, está el Síndrome de Burnout, en el que hemos caído, que se nutre día a día y que no es sino un reflejo, de lo que llevamos dentro, acompañado por nuestra idiosincrasia.

Amamos lo que hacemos vs. clima laboral
Según el informe «State of the Global Workplace 2024», solo el 21 % de los trabajadores en el mundo están comprometidos con su trabajo, es decir, realmente les gusta lo que hacen y sienten que su trabajo tiene propósito. El compromiso por parte de gerentes y directivos fue de 27 % en 2024 (frente al 30 % en 2023), la mayor caída entre los grupos. La desconexión en lo laboral, costó a la economía mundial 438 mil millones de dólares en 2024.
Si geo-localizamos las cifras, en el Ecuador, solo el 21% de los trabajadores se sienten comprometidos con su trabajo, una de las tasas más bajas de América Latina. El 79% restante no está comprometido o está activamente desconectado. El estrés diario es del 50%; tristeza un 25% y enojo 17%, ubicando así a Ecuador en la mitad superior de la región en esta categoría, según este estudio.
Pareciera que a nivel mundial, el tema del clima laboral se ha tornado una preocupación y es que de ahí nace la tendencia a encontrar trabajadores frustrados, directivos desatinados y climas laborales poco o nada sanos o gratificantes.
Podría decir que en donde me desenvuelvo, hay de alguna manera un camino marcado al declive, algo así como una suerte de arenas movedizas, donde para evitar hundirte más, es mejor no moverte, pero hay quienes en su desesperación, utilizan a los demás para no hundirse.

¿Por qué tenemos el Síndrome de Burnout?
Quizás una de las patologías más fuertes, derivan del síndrome de Burnout o «síndrome del trabajador quemado», que hace referencia a la cronificación del estrés laboral, que se manifiesta a través de un estado de agotamiento físico y mental, que se prolonga en el tiempo y llega a alterar la personalidad y autoestima del trabajador. Pero…¿por qué sucede esto?
Disposiciones autoritarias y sin sentido, inexperiencia en los altos mandos por perfiles que no cumplen en lo más mínimo con el cargo, viejas maneras de hacer las cosas, cuotas políticas que cumplir, superficialidad para abordar los temas fundamentales y la falta de conocimientos y acción, han delineado el clima organizacional.
Hemos tenido de todo un poco, donde yo acuñaría el refrán que dice “Pueblo chico, infierno grande”, ya que con un promedio muy pequeño de trabajadores, llevar a cabo actividades con compromiso, convicción, alegría y en equipo, se ha tornado realmente complejo. Entonces, por un tiempo significativo, hemos pasado echando la culpa unos a otros. Los directivos a sus trabajadores y viceversa, pero poco o nada ha servido para encontrar soluciones reales. Lo cierto es que la respuesta es simple: invertir en el capital humano. La solución no es fácil, pero si es simple, que no significa lo mismo.
Varios momentos y gestiones han creado y le han dado cierta forma a este espacio laboral, que tiene heridas y roturas. Desde autoridades que no podían ni pronunciar el nombre del lugar en donde trabajaban, hasta quienes se pretendían como “illuminatis” para “gerenciar desde el escritorio”, otros que encontraron algo que hacer en el “tour” de la gestión territorial y empleados que no hacen sino contar las horas y los días para poderse ir.
El “síndrome de burnout” afecta no solo a la vida laboral, sino a la salud personal, a veces pareciera el “viejo hospital de los muñecos”, como decía la canción, donde cada vez hay más personas con enfermedades, tanto leves y pasajeras, como considerables, complejas y raras, que requieren no solo de atención médica, sino de un ambiente tranquilo, armónico y sano, para poder mejorar y rendir en las labores diarias.
“Casa de herrero, cuchillo de palo”, dice otro refrán, para referirse a que nadie es profeta de su propia tierra y así es como este espacio laboral, que debería atender la solidaridad entre las generaciones, desconoce en gran medida, temas del envejecimiento de su propio capital humano, ya que el estancamiento, la monotonía y la pérdida de sentido y propósito, han hecho envejecer aún más a su personal.

Sanar el clima laboral, ¿utópico o posible?
Sanar el clima y vínculo laboral significa reconstruir la confianza entre unos y otros, la motivación y el sentido de pertenencia. Filosofar como digo yo, en lo que es realmente esencial.
Conectar con el propósito de lo que estamos haciendo y dejar de lado aquello de hacer cosas solo por cumplir o por obtener una calificación, debería ser la brújula colectiva que guíe el camino de lo público.
Espacios seguros para hablar de lo que estamos sintiendo, sin emitir juicios, hacer pausas activas o tener rituales de bienestar diario, a manera de un “check-in emocional”, podría ayudar. Quizás preguntarnos entre nosotros: ¿qué fue lo más difícil este mes? ¿qué me dio alegría?; y hacer un feedback con compasión, podría ser útil. Elaborar acuerdos vivos, que digan cómo nos tratamos, cómo resolvemos conflictos, qué no se tolera, sería una oportunidad para sanar, reencontrarnos y aligerar nuestro paso por este camino.
Los anexos de la radiografía, han mostrado en su calificación numérica de clima laboral, que un gran porcentaje de responsabilidad sobre el bienestar o malestar laboral, se encuentra en los mandos altos y medios, pero también en la construcción de relaciones de empatía y respeto, entre pares, lo que podría ser una buena apuesta, no obstante la condición inmediata para lograrlo sería hacer una egotomía.
Lo cierto es que las cosas cambian, hasta que tú cambias, caso contrario nada sucede y vemos la vida pasar. La vida solo cambia, cuando aprendemos a mirarla como un espejo, entonces somos correspondientes unos con otros: trabajadores con autoridades y viceversa, es decir que desde ambos lados, merecemos lo que tenemos.
Como siempre digo, cada uno tiene el poder de elegir, porque entre la queja diaria y permanente; y el sinsentido de quienes están al frente y a veces intentan entender el significado demasiado grande de lo que es liderar, sorteamos nuestros días en un clima oscuro que apaga nuestra verdadera esencia.
Entonces, contestando a la pregunta, transformar esta realidad sí es posible, pero hay que estar dispuestos a pagar su precio.
Pienso. Creo. Escribo.





Mucho de tu análisis es atinado y cierto, me faltó incluir un elemento central … el grupo, lo que dices lo sobreentiende, pero me parece que todos esos egos … sumados hacen un ego de grupo, lo cual complejiza más el tema. Si se pudiera haber construido un grupo, unas redes, unos enlaces -que no digo amistades- que logren sacar a pulso a la institución, habría una batalla adelantada.
Desde mi análisis, esa lógica grupal se ha quebrado, no solo en las instituciones, sino en la vida cotidiana y desconozco el camino de retorno.
Empezar por lo personal, de acuerdo¡¡
Si empezar por uno mismo, es el inicio de muchas transformaciones que motiven a lo colectivo.
Gracias por tu aporte y lectura. Abrazos!