Escribo lo que pienso

Qué tal si hablamos de responsabilidad emocional…

Hace un par de días, mantenía una conversación acerca de lo que comúnmente se asume como responsabilidad emocional y lo que en la práctica significa esto realmente.

En medio de mi propio proceso de aprendizaje y evolución, puedo decir que solo cuando experimentas serios cambios y transformación en tu vida, es cuando empiezas a divagar en estas premisas, tratando de encontrar respuestas.

Resulta revelador cómo de adulto, es cuando se conecta vivencias y experiencias, lo que eres y lo que haces; lo que sientes y lo que reprimes. Cuando te das cuenta de que eres el resultado de tu crianza y de tus propias decisiones.

Entre el ir y venir de nuestros entendimientos y aprendizajes, nos encontramos constantemente esperando que las personas se comporten como quisiéramos que lo hagan, para ser felices, para estar en paz y hasta para tener la razón; y de pronto, llega esta frase: “responsabilidad emocional”, que dependiendo de cómo se entiende, llega para construir-te o para confundir-te.

¿Qué es la responsabilidad emocional?

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No es sino, hacernos cargo de nuestras propias emociones y sentires, donde somos la única persona responsable de todo eso que está sintiendo e interpretando.

Muchas veces hemos asumido, que son las demás personas las que nos “deben algo”, las que deben ser “responsables emocionalmente con nosotros”, para que estemos en paz, felices y con bienestar.

Responsabilidad emocional, tal como lo indica, implica ser responsable de lo que estás sintiendo, de los significados que le estás dando a los acontecimientos en tu vida y de cómo ello te hace sentir, sin perder de vista, que la única persona que está ahí, para digerir todo esto de las emociones eres tú mismo.

Por ende, la responsabilidad emocional es propia y no del “otro”.

¿Qué significa hacerte cargo de tus emociones?

Empecemos por entender que primero hay que darnos el permiso de sentir y de aceptar todo eso que está en nuestro interior. Luego significa aprender a gestionar.

Muchas veces vamos por la vida actuando parcialmente, postergando situaciones, decisiones y hasta sentires. Nos recluimos en una faceta de sentirnos “víctimas” de alguien más, atribuyéndole que “debería” tener responsabilidad emocional con nosotros.

Solemos decir “es que, si tu fueras de tal o cual manera” o “si hicieras tal o cual cosa, yo sería…” Es decir, condicionamos nuestro estado emocional a las actuaciones de otras personas. Escribiendo esto recordé esa canción que dice: “si no te hubieras ido sería tan feliz”, lo cual es un vivo ejemplo de cómo poner en práctica, el desempoderamiento y la prisión emocional.

Nos envicia culpar a nuestros padres, a nuestros amigos, a nuestra pareja, a nuestro trabajo, al gobierno, a la economía, etc., para no hacernos cargo de nuestras propias emociones; y creemos que está en ellos la responsabilidad de cómo nos estamos sintiendo.

Nada más absurdo e inútil, es creer que los demás, deberían tener responsabilidad emocional o afectiva hacia nosotros, no obstante les confieso que por mucho tiempo creí que esto era posible y hasta una obligación.

Si alguien se comporta de una manera u otra y eso nos hace sentir felices, infelices, afortunados o desdichados, no es sino esa incapacidad propia que tenemos, de darnos a nosotros mismos, eso que tanto necesitamos, para estar bien y en paz.

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Casi siempre le adjudicamos al otro, lo que debería ser y hacer, en un intento fallido de creer que la responsabilidad emocional, está en los demás, cuando solo se genera desde nuestra piel hacia dentro.

Hoy les diré que para mí ha sido un tremendo descubrimiento, poder afirmar y entender esto, pues hacernos responsables de nuestros propios sentimientos, emociones y estados de ánimo, sabiendo que el “otro”, solo refleja en nosotros aquello que debemos trabajar en nuestro interior, es poderoso, no solo porque implica romper con todos esos paradigmas que nos han impuesto, sino por sobre todo, significa tener libertad e independencia afectiva y poder hacer una capitalización emocional en nuestra vida.

Cuéntame cómo vives y entiendes tu esa responsabilidad emocional…

Pienso. Creo. Escribo

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Soy Paulina Vizcaíno y “Aquí Estoy”

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