Y de los aprendizajes obsequiados por el Universo durante el 2025, puedo decir que la resiliencia vino envuelta con un gran listón.
Entre lo previsible y lo sorprendente, la capacidad de adaptarme y superar la adversidad, ha sido en el 2025, una de las pruebas más fuertes, que me llevó a reconocer mis vacíos, miedos e inseguridades. El ¡estrés camaleón! como yo le digo, porque fue cambiando de color, con cada suceso; y la aceptación de todo lo que fue ocurriendo, me acompañaron este año.
La resiliencia es posible, solo cuando en medio de la adversidad podemos descubrir nuestro verdadero poder, apreciando cada cosa y belleza oculta. La resiliencia invita a volver a nuestro centro y demostrarnos a nosotros mismos de lo que somos capaces.
Ha sido un año cargado de cambios, que puso a prueba mis propias premisas y un par de convicciones.
Pero, ¿qué es ser resiliente?

La resiliencia se desarrolla con el “tiempo y las aguas” como decían las abuelitas, pero las personas que la poseen suelen compartir ciertas características, que desde mi experiencia quiero contarles:
Autoconocimiento y regulación emocional, que significa comprender nuestras propias capacidades y limitaciones, y en este punto, lo más desafiante es aprender a manejar las emociones de tal manera, que nos permita darnos el permiso de sentir y a la vez de volver a nuestro centro.
Tener afirmaciones optimistas-realistas, que implica confiar en que las cosas mejorarán, pero sin ignorar la realidad de la situación actual. Quizás es una de las cosas más duras, sobre todo hacerlo desde la serenidad y el reconocimiento de la situación y contexto por el cual uno atraviesa.
Flexibilidad y adaptación, que significa tener un plan y estrategia para cada situación que se va presentando, mirando en el contexto cómo los problemas, se convierten en maestros, dejando de ser amenazas insuperables.
Tener una red de apoyo sólida, mantener relaciones significativas, poder encontrar apoyo en familiares, amigos o profesionales, es clave para digerir cada situación que se nos presenta.
Encontrar un propósito, darle un significado a las experiencias difíciles, es probablemente lo que nos ayuda a darle sentido a todo, transmutar el sufrimiento y convertirlo en experiencia de vida, ayuda sustancialmente.
Sentido del humor, a veces algo difícil de lograr en medio de las adversidades, pero resulta ser una herramienta para aliviar la tensión y mantener la perspectiva.
De la adversidad a la resiliencia…

Todos hemos tenido dificultades en la vida, a veces hemos tomado las peores decisiones, sin embargo, el universo es tan generoso y abundante, que siempre nos ofrece oportunidades para cambiar, para enmendar y aprender.
La resiliencia no es una cualidad con la que se nace, es un proceso que se aprende y que va llegando con el paso del tiempo, al poner en práctica las enseñanzas recibidas, implica conocerse, ver las crisis como desafíos, aceptar los cambios como parte de la vida y fomentar la autoestima y confianza en uno mismo.
La resiliencia es también una invitación a aprender a cuidar de uno mismo, a entender cuáles son nuestras propias y más profundas necesidades, a darle al cuerpo y al alma lo que necesitan, para mantenerse en equilibrio.
Finalmente, mi mayor reto en 2025, fue aceptar y soltar, y les diré que es un camino que se construye día con día, ya que no surge de la nada. La resiliencia se trata de eso mismo, de la capacidad que adquirimos, para interiorizar las experiencias difíciles y transformarlas en aprendizajes, que nos permitan superar lo sucedido y salir fortalecidos.





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