En estos días he profundizado el ejercicio interior de intentar soltar e imaginar una vida diferente en mis formas de actuar, vivir y ser. Empiezo por el pensamiento como mi primer desafío, pero a veces me pesco con ideas repetitivas que me inundan de sobrecargas innecesarias.
Los pensamientos atraen sentimientos y emociones, que nos llevan a imaginar diversos escenarios, unos más locos que otros y así prefiero llamarlos, porque algunos me han llevado a soñar y otros me han atrapado en el drama y la tragedia.
Verse al borde de cambios radicales en la vida, puede abrumarnos, desata una lucha interna con uno mismo, cuando nos damos cuenta de que en nuestra mente viven miedos, ideas limitantes, posibilidades sin sentido y así una mezcla de situaciones mentales, que no son sino, ideas preconcebidas sobre nosotros mismos.
Para quienes hemos llevado haciendo las mismas cosas por mucho tiempo, silenciosamente nos instalamos en una “zona segura”, la idea del cambio radical y repentino, asusta y nos mueve el piso, como se dice coloquialmente. A veces el permanecer tiempos significativos en los mismos lugares, circunstancias, espacios o rutinas, trae retos, en medio de eso que creemos que está “fríamente calculado”.
A veces, aquello a lo que llamamos “estabilidad” tiene un precio alto, pues si bien nos acomoda en algunos sentidos, también nos quita otras cosas, pero lo cierto es que de alguna manera nos obliga a desafiarnos, para recuperarnos a nosotros mismos.
De la ansiedad aprendí que vivir en el futuro o en el pasado, es una acción sin sentido, que me obliga a recordar que lo único que tenemos es el ahora en el presente, para ahí y solo ahí, hacer las cosas de una manera distinta.
La vida con duelos…

La vida es de constantes duelos a superar, cada cambio o transformación tienen un principio y un fin, requiere dejar de ser y hacer, aceptar que todo es mutable. Si bien nuestra esencia siempre estará ahí, hay muchas circunstancias y situaciones en la vida que nos obligan a mirar más allá, a volver a empezar, a asumir nuevos retos y a probar en nuevos escenarios, “eso” de lo que estamos hechos. Reinventarnos y empezar de cero.
Muchas personas tenemos la manía de aferrarnos a lo conocido, a la “zona segura”, a querer permanecer, aun cuando sepamos en nuestro interior, que quedarnos duele más que marcharnos, cuando el universo en su infinita y profunda sabiduría, está todo el tiempo mostrándonos aquello que debemos cambiar y mandándonos señales, sin embargo, no lo hacemos y cuando la transformación inevitable llega a su fecha de caducidad, el “universo nos patea”, como dice mi maestro, para que podamos movernos y convertirnos en aquello a lo que estamos destinados a ser.
Desafiarnos a nosotros mismos, es de las tareas más complejas que la vida nos presenta, es ineludible pasar por ello, pero lo cierto es que, con el paso del tiempo, algunas cosas que creemos que serán más fáciles, terminan por verse más complicadas. En realidad, todo está en nuestra mente.
Aceptar para cambiar…

He reflexionado sobre la necesidad de dejar de sobrepensar, como la manera sana de vivir cada día. A la final que aquello a lo que llamamos destino, es eso que nuestra alma eligió vivir, mucho antes de que llegáramos a la vida terrenal y cada cosa que llega a nuestra vida es para dejarnos un aprendizaje y recordarnos quiénes somos.
Dejar de querer tener siempre la razón y mantenerlo todo bajo control, es más que un ejercicio de aceptación, yo diría que es parte de un proceso de rehabilitación, para dejar un vicio adquirido.
Esos momentos en los que uno siente el llamado interno, aquella vocecita que nos dice en nuestra mente y corazón, que ha llegado el momento de trascender, descubrir nuevas experiencias, de partir a nuevos lugares, de enfrentar nuevos retos, de conocer a nuevas personas y de crecer y evolucionar, son claves para hallar nuestro sentido y propósito.
Es esa magia que le da sentido a nuestra vida.
El final es solo un comienzo…

El final de una etapa es el comienzo de una nueva, esto es un mandamiento lleno de sabiduría, que nos muestra el descubrimiento sobre nosotros mismos. Lanzarnos sin miedo, es probablemente de las cosas más difíciles que tenemos que hacer, pero como dicen por ahí, no hay decisiones buenas ni malas, solo experiencias a ser vividas, que sin lugar a dudas traerán aprendizajes a nuestra vida.
Me pregunté entonces, ¿por qué cuesta tanto aceptarlo y hacerlo? Y es que hemos sido formados por nuestra crianza, el entorno donde nacimos y crecimos, las personas que nos rodean y la cuna social que nos moldea cada día.
Cuando algo termina en nuestra vida, sin darnos cuenta, inicia un nuevo momento. Los finales en la vida son inevitables y quizás ahí es donde radican los nuevos retos a ser asumidos. El detalle no está solo en aceptar que algo ha terminado, como parte del duelo necesario a ser vivido, sino en la forma en cómo reaccionamos y vivimos ese cambio.
Ahí es cuando todas aquellas historias de vida que inspiran, son profundamente conmovedoras y buenas consejeras, para mirar que nada es imposible y que para todo hay una alternativa y solución.
Ser adulto…
Han habido momentos en los que la vida se ha puesto muy dura o al menos esa es la percepción que he tenido, donde las finanzas atormentan, las relaciones laborales, sentimentales y familiares se complejizan, el paradigma del “éxito” se mide constantemente, el estrés abunda y todo lo que se deriva de ello.
Hubieron momentos en los que dije: ya no quiero más ser una adulta, pero más allá de ser una frase que pueda causar risa a estas alturas del partido en mi vida, revela el real susto que implica asumir la responsabilidad por nuestra propia vida y la de quienes están a nuestro cargo. Ser adulto no se trata de seguir reglas, sino de hacer realmente lo que uno quiera cuando lo quiera, sabiendo por supuesto que, cada cosa tiene su consecuencia. Eso es ser adulto, hacernos cargo de nosotros mismos.
He sentido en muchas ocasiones que, no fui consciente al 100% del modelo que diseñé en mi vida, cuando eventos fortuitos me sacudieron, me di cuenta de que nada está dicho, sin embargo a veces olvido esa lección.
Me encanta soñar en que todo lo bueno es posible, en que los cambios traen siempre cosas positivas y como dicen por ahí: “al final todo estará bien, y si no lo está, es porque aún no es el final”.
No hay nada igual a la promesa que ofrece lo nuevo, que empieza por ser una experiencia emocional distinta a lo antiguo. Como dice T. Harv Eker: “Simplemente invéntate una historia nueva y mucho más productiva, y vive en ella”.
¿Alguna vez te has sentido así?
Pienso. Creo. Escribo.
Dedico estas letras a “mis dos almas gemelas”, porque la respuesta está solo en su corazón.
Su valentía es la promesa de una vida plena.






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