Cuando tienes una enfermedad, una dolencia, una angustia o dificultad, todo se torna gris, la energía se apaga y el ánimo también.
Pasamos por altos y bajos, propios de la vulnerabilidad humana y recordamos con nostalgia los momentos de alegría y tranquilidad. Un día estamos maravillosamente bien y al siguiente no.
La dualidad en la vida, nos lleva a apreciar la fugacidad que pueden tener los buenos momentos. Llegué a un análisis con la frase: “mientras se pueda”.
Mientras tienes salud, puedes hacerlo todo, mientras tienes enfermedad puedes valorar la salud. Mientras se puede comer, reír, bailar y disfrutar, todo es cuesta arriba, pero a veces pasamos por alto los actos sencillos, los detalles, la salud y hasta a las personas que nos rodean. Creemos que todo estará ahí al día siguiente, cuando lo único cierto es la incertidumbre del día a día.
Entonces mientras se pueda, disfrutemos de cada instante, incluso interiorizando aquello que es doloroso e incómodo, porque también es parte de la existencia y a la final tampoco será para siempre.
Y entre el disfrute y saber que todo es finito, traigo a mi corazón esos momentos que fortalecen y llenan el alma.
¡Llegó el día del padre! y desde la reflexión, puedo decir cómo es que este rol, trastoca la vida de las personas, no solo para quienes ejercen la paternidad desde los distintos modelos y paradigmas, sino para quienes, como hijas e hijos, recibimos todo esto.
Definitivamente, la relación con el padre, es uno de los vínculos que genera un sinnúmero de sentimientos. Hay quienes recibieron de su padre la energía y la fortaleza para afrontar la vida, otros que vieron en su autoridad, el camino a seguir, el ejemplo y la vitalidad. Hay quienes tienen vagos recuerdos y otros que no. Pero este vínculo tiene sus particularidades, que construyen el sentido integral del ser.
Cuando enviudé, me dijeron que debía “ser padre y madre” para mi hijo, a lo cual con el paso del tiempo me di cuenta que era imposible, ya que cada quien tiene su rol único e irremplazable.
Para quienes somos mujeres, ese vínculo y relación con papá transciende y se refleja, por citar un par de ejemplos, en el tipo de pareja que elegimos, la calidad de finanzas en nuestra vida y a la forma de mirar la abundancia como tal.
No puedo hablar desde el lado de los hombres, pero aprendí al ver crecer a mi hijo sin su padre, que las figuras de referencia masculina son un punto clave.
Lo que sí puedo decir, es que, he sido afortunada por todo lo que he tenido y no he tenido junto a mi padre, porque cada momento me trae nuevas experiencias de vida y desarrollo personal.
Un feliz día para él y para todos los padres que viven con entrega, pasión y alegría su rol, tan complejo a veces, tan estigmatizado también, pero lo que reconozco siempre, es que su valor está en cada acción y detalle, porque detrás de ello hay un mensaje y una intención.
Creo que el mejor regalo que me ha dado hasta hoy, ha sido mostrarme de diversas maneras, lo que quiero y lo que no, para mi vida.
Entonces, “mientras se pueda”, festejemos a papá, celebremos la vida, con todo lo que trae, altos, bajos, salud y enfermedad, recordemos con alegría para dar un sentido a lo vivido, porque de cada cosa, podemos sacar algo que sume a nuestra existencia. Todo es “mientras se pueda”.





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